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  • Editorial Revista Tehura nº9: La filosofía y la tarea de la formación crítica.

     

    Estimados amigos y amigas, ya tenemos aquí el número 9 de nuestra revista.
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    Las jornadas del Día Mundial de la Filosofía son el esfuerzo más directo para llevar a la calle a una disciplina que implica el pensamiento y la reflexión, pero que también es una praxis humana que nos obliga a atender la realidad de nuestro tiempo. La filosofía no tiene por qué estar reñida o divorciada del mundo de la vida cotidiana, de la socialidad y la vida práctica del ciudadano de a pie. De hecho, esto último es parte de la tan ganada fama pública de la filosofía como una disciplina exigente y especializada reservada para unos cuantos ociosos que no tienen oficio ni beneficio mayor dentro de una sociedad del negocio, del mercado como vorágine, de la individualidad competitiva que se adapta sin el menor reparo a las condiciones que el mundo de la vida actual impone de modo inexorable. La filosofía no encaja bien dentro de estos parámetros, al menos que se convierta en agente o representante de ventas de la sociedad global del mercado. Es por eso que produce incomodidad. Además, suele ser una especie de acicate crítico para el poder. Pero también la filosofía sirve para que incautos en ratos de ocio, lo cual es todo un lujo en el mundo actual, se atrevan a cuestionar sus certezas, duden y caigan en la cuenta de que algo no anda bien, lo cual es un primer paso para que después puedan cuestionar el estado de las cosas.


    Las intuiciones y sensaciones iniciales que producen los primeros escarceos con el pensamiento son un buen comienzo para adentrarse en la filosofía. Si no hay perplejidad es que todavía seguimos siendo presa propicia de las certezas desarrolladas a través de años constantes de formación en la deriva social del sistema-mundo en el que vivimos. Es por eso que acceder a la filosofía es también un camino, tomar una vereda que implica una formación que nos lleve a cuestionar las certezas, los prejuicios, el sentido común naturalizado y objetivante carente de reflexión.
    El aspecto de la formación en filosofía nos lleva al de la educación. La formación en filosofía se supone que es de un interés social al ser parte del currículo en la educación media superior en gran parte de los sistemas educativos públicos de las naciones actuales. Aunque resulta que, en estos tiempos aciagos para el pensamiento, la filosofía es una disciplina casi prescrita y se le va retirando poco a poco, para que no se note, de los programas y planes de estudio de los sistemas educativos, siguiendo directrices “educativas” establecidas por la OCDE y otros organismos internacionales, y aplicadas obedientemente por los gobernantes locales. Pero por qué se emprende tal empresa contra la filosofía: nos atrevemos a decir que en buena medida es porque para el poder político y económico que no respeta a los ciudadanos es preferible contar con individuos indefensos, carentes de las armas de la reflexión crítica que proporciona la filosofía. Pues los individuos que beban de las aguas de la filosofía tienen mayor posibilidad de cuestionar las acciones de los gobernantes y de los poderes fácticos que tratan de colocar sus intereses particulares por encima de la sociedad. Al hablar de individuos reflexivos y críticos para el ámbito público nos referimos a la idea de ciudadano. Entonces, formarse en filosofía también es formarse en ciudadanía. Al haber ciudadanos reflexivos seguramente habrá mayor exigencia y escrutinio de la actuación de la clase política y también habría la demanda de instituciones públicas “decentes”, para seguir el término de A. Margalit, o sea, aquellas instituciones que no humillan a sus ciudadanos, que verdaderamente los representan.


    Los problemas que enfrenta el mundo actual son, sin duda, mayúsculos. Y si es que sirve de algo pensar, si la filosofía nos dice algo para el mundo que habitamos, es también un reto para todos los involucrados en ella encargarse de difundirla más allá de las aulas. La filosofía tiene bastante que decir para la formación crítica de los ciudadanos y para pensar con seriedad los problemas del mundo contemporáneo. Hay que recordar que la filosofía acompañó desde sus orígenes a la democracia, hace ya 2,500 años. Y el trayecto de la historia de la filosofía está plagado de ejemplos de esta relación. Es por ello que la filosofía clásica es y ha sido un nutriente permanente para alimentar la formación en un sentido humanista. Aunque esta formación humanista, la cual abarca el arte, la literatura, la historia, también ha sido relegada por los amantes de la novedad y la irreflexión. Está claro que hay un desdén actual hacia la historia y el acervo cultural legado por mentes que se cuestionaron a tal nivel de exigencia que han cimentado las bases del pensamiento hasta nuestros días. Y ese reto es el que enfrenta la filosofía en la actualidad. Por su lado, la filosofía contemporánea se ve inmersa en una serie de problemáticas que le exigen atender la realidad del mundo tal como se nos presenta. Esa es la filosofía del presente.


    Uno de los aportes de la filosofía ha sido pensar conceptualmente sobre problemas torales presentes en las sociedades, por ejemplo, la justicia. Pensar desde la filosofía sobre la justicia nos ha llevado a reflexionar con mayor rigor el problema que implica; además, ha servido para que seamos capaces de comprender que el concepto y la realidad histórica nos muestran siempre o casi siempre la distancia entre lo que la filosofía señala y la realidad vigente del momento influida por la ideología que legitima la continuidad de las cosas, lo cual trae evidentemente el sentido de mantener los privilegios, jerarquías y ejercicio del poder en las mismas clases o élites que, de esta manera, han afianzado su dominio social, político y económico. Por ello el abordaje filosófico del concepto de justicia, o de cualquier otro, implica que se dejen de lado los intereses particulares y se busque realizar un honesto esfuerzo intelectual para pensar sin concesiones de ningún tipo, ese es parte del esfuerzo del pensar filosófico, esa es parte central de su actividad. Sobre todo, porque estamos hablando de una época en la cual, a diferencia de la de Platón o la de Aristóteles o del mundo romano o del mundo medieval, un concepto como el de justicia ha llegado a tal grado de desarrollo que hoy el esfuerzo de muchos filósofos y teóricos sociales por realizar una crítica de todo aquello que va en contra de la justicia es más que evidente, es decir, se ha pensado el tratamiento de la justicia a partir de su vía negativa, o sea, de la injusticia que vivimos en este mundo actual. Quien a estas alturas no se ha dado por enterado que podemos mínimamente saber dónde se encuentra y produce la injusticia y, por lo mismo, la necesidad de justicia, o no ha efectuado el mínimo esfuerzo de pensar su realidad, o es participe de la injusticia, y/o beneficiario de la misma, o parecería que la ingenuidad o alienación en esos casos sería tan grande como injustificada, es decir, que habría quienes estarían abstraídos de la realidad del mundo en el que habitan como si fueran ajenos al mismo, en una franca postura que niega al pensamiento y los beneficios que resultan de él: asumir una posición reflexiva y crítica respecto a la realidad.


    Volviendo a la crítica de esta postura, podemos señalar que, si la filosofía no es capaz de reparar en aspectos troncales de su realidad social, los cuales se corresponden con problemas filosóficos políticos y morales fundamentales, entonces no se estará haciendo una filosofía en sentido crítico. Y dicha tarea no es una tarea exclusiva del filósofo profesional, sino que es también la necesidad de que una sociedad sea más crítica, lo cual significa la necesidad de socializar a la filosofía, sacarla a las calles. Tanto los medios de comunicación propagadores de la estupidez como el uso enajenante de las tecnologías son distractores suficientes para que el letargo y la pereza intelectual limiten en demasía la posibilidad de pensar críticamente la realidad. Es por ello que la filosofía tiene que extender su espacio de influencia: salir a las calles, plazas, lugares públicos, y de este modo ocupar un lugar más importante en las formas de socialización actuales. La celebración del día mundial de la filosofía es una oportunidad para que la filosofía sea puesta en práctica como práctica social extendida, no solamente en el día de su celebración, sino que sea parte de la vida de los ciudadanos de este mundo tan carente de la reflexión como tan menesteroso de ella.


    Un mundo convulso lleno de injusticias, desigualdades, pobreza, corrupción, fanatismos, integrismos, ignorancia, nihilismos, egoísmos, muy graves problemas medioambientales, usos irresponsables de la tecnología, violación sistemática de los derechos, violencia y criminalidad en toda su radicalidad y sinsentido, y así una muy larga lista, ese es el mundo que habitamos. No puede negarse la importancia de darle un lugar a la filosofía en la tarea de buscar la solución a estos graves problemas que nos aquejan, porque si no es la filosofía, ¿entonces qué o quién? ¿De dónde vendrá la posible solución si negamos la filosofía? ¿Acaso la solución a los males de la humanidad y del planeta vendrá de la mano de la ideología neoliberal rampante, indiferente y predatoria? ¿Vendrá de los fanatismos religiosos que llevan al integrismo, la intolerancia y que niegan la libertad de la conciencia propia? En fin, este es una llamada un tanto densa a todo aquel que se interese por la filosofía y que vislumbre que la vía negativa, es decir, la vía del pensamiento crítico, es central para que se produzca la formación crítica que permita enfrentar la realidad en su dureza.


    Ello nos lleva a plantear: ¿si aquél que se dedica a la filosofía y no ejerce la reflexión crítica de la realidad, no estaría entonces reproduciendo dócilmente la realidad dada? ¿Algo así sería digno de una filosofía? Es decir, envolver a la filosofía del ropaje de apariencia propio de la ideología dominante o hacerle el trabajo de maquila intelectual a esa ideología, haciendo las veces de intelectual orgánico del poder. Esta actitud servil hacia el poder, por demás conocida a través de la historia, no invalida que se le siga llamando filosofía a esa filosofía poco crítica, pero si quedaría claro que, en todo caso, sería una filosofía bastante cómoda y en sintonía con la ideología imperante. La respuesta puede quedar para la conciencia de cada quien, aunque bien sabemos que hay quienes convierten a la filosofía en legitimadora del poder, sea de manera consciente o inconsciente, de modo interesado o con ingenuidad, ya sea con las prácticas académicas o con las filosofías que se adoptan, las cuales se suponen muy “críticas” y resultan tan retrógradas como las de la ideología que dicen cuestionar. Es por eso que una filosofía para estos tiempos o es una filosofía crítica o no es, ¿por qué? Pues porque los tiempos en los que vivimos son de una necesidad de pensamiento, de urgencia de reflexión crítica, precisamente porque los retos del presente así lo requieren. La filosofía tiene que estar a la altura de estas exigencias.

    Guillermo Flores Miller (Consejo de Redacción de la Revista Tehura)

     

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    Esperamos que lo disfrutéis.

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    ISSN: 2254-0830

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