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“¿Es preciso añadir que una vez rota la complicidad religiosa establecida entre el Logos y el Ser, entre ese Gran Libro que era el Mundo en su propio ser y el discurso del conocimiento del mundo (…) al fin se hacía posible una nueva concepción del discurso?”Louis Althusser. Para Leer el Capital.

 

 

Introducción

 

revolutionfinalrgbLo que voy a realizar, siguiendo el texto de Corpus de Nancy, e incorporando otros textos suyos, es un ejercicio que se pretende inverso al que él realiza. Es decir, considero que lo que él realiza es una deconstrucción de determinadas lecturas – de Aristóteles, Kant, Spinoza, Descartes, Heidegger y hasta de la propia lectura de La Biblia – para luego realizar a través de ellas su propia lectura del cuerpo. Teniéndolo en cuanta, voy a realizar mi propia lectura de Corpus mostrando las lecturas y mis reflexiones me evocan.  La misma concepción de lectura entra en la propuesta nanciana, así como la de escritura. La concepción de escritura como ex – posición, exposición, supone una apertura, la imposibilidad de cierre de toda significación. La lectura de la escritura se entiende como otras escrituras, no como la Escritura o Las Escrituras, sino sin fin de escrituras-lecturas, que si bien pueden formar parte de un corpus, no implican el cierre del mismo.

Por ejemplo, podemos señalar en Corpus las constantes referencias a la lectura de la Biblia, que remiten a su “deconstrucción del cristianismo”, esto es su lectura de Las Escrituras y desde ellas, realizando sus propias lecturas y escrituras con ellas.

Sus escritos no nos traerán a la luz un pensamiento diferente, no vienen a crear nada nuevo – no repite la idea de un nuevo comienzo con “borrón y cuenta nueva” del discurso cristiano, no es en ese sentido revolucionario –, ni a decir lo que no había sido dicho, ni a revelar lo que se encontraba escondido, no establece otra realidad más verdadera. Esa escritura ya estaba ahí, se encontraba expuesta, incluso en el propio discurso cristiano, en la narración evangélica, se encontraba a la vista pero no era expuesta o si lo era no de esta forma. La diferencia se encuentra en la forma de articular ese discurso, la forma de exponerlo y de leerse a sí mismo, ya no como discurso cerrado a sí mismo, sino como exposición de sí, pero como exposición siempre múltiple.

 

 

1. Interpelación

    En el ensayo Noli me tangere, Nancy recuerda la escena del encuentro entre María de Magdalena y Jesús. Cuenta como está a punto de producirse un desencuentro entre estos debido a que Magdalena no lo reconoce al verlo. Sin embargo el reconocimiento se produce cuando Jesús la llama por su nombre “María”. Es entonces cuando María lo reconoce, y lo denomina como “Rabbuní”, como “Maestro”. Ella se reconoce en “María” – es su nombre – y a través de esta interpelación reconoce al “hortelano” como a Jesús, como a su maestro, aquel que le ha enseñado. Es a ella a quién le da el encargo de anunciar a sus discípulos que se encuentra en partida para encontrarse con su Padre.

    bazaar poderosasSe produce el reconocimiento debido a que, a pesar de haberlo confundido con un hortelano, éste pronuncia su nombre. Como dice Nancy “Ella cree porque oye. Oye la voz que dice su nombre. Oye al que no se dirige más que a ella.” (Nancy: 2006, 49) La dificultad de reconocimiento se encuentra en que la semejanza de Jesús consigo mismo no es ya inmediata, dado que tras la muerte no puede ser lo mismo, a pesar de encontrarse resucitado. Sigue siendo una “aparición”, se “muestra”, que guarda cierta distancia con su existencia, ya que se encuentra “alterado en sí mismo”. Se trata de una aparición de quien está muerto, y al aparecer señala que se encuentra ya en partida hacia el Padre. No se le puede tocar o no se le ha de tocar ni retener porque se encuentra en esa partida que le hace no pertenecer a éste mundo a pesar de haber resucitado de entre los muertos.

    Sin embargo, la interpelación nos construye como sujetos, poniendo en el lugar del cuerpo al alma. La unidad de alma y cuerpo se produce a expensas de éste último. Es así que nos podemos preguntar con Nancy: ¿Cómo responderemos a la interpelación que viene en la forma cuerpo?  Ponemos el alma en el lugar del cuerpo. (Nancy: 2000, 98) No se trata, para Nancy, de volver a colocar al cuerpo meramente como lo que es, haciendo desaparecer el alma como ficción. Sino que hay que aprovechar a ésta para dar cuenta de un cuerpo nunca cerrado –de la imposibilidad de la sutura-, de que la cosa se nos presente en sí, que nos sea transmitido su significado de manera instantánea.

    Para Nancy es necesario restituir algo del viejo dualismo alma-cuerpo, para evitar la unidad monista, la inmanencia consigo misma. A Nancy lo que le importa es dar cuenta de que el “cuerpo es la unidad de un ser fuera de sí”, en el sentido de ser un fuera sin dentro, al encontrarse abierto, pero un ser fuera para poder ser consigo mismo (Nancy: 2000, 98). Se trata se poder indicar el cuerpo es una relación, siempre es una relación con otros, es un lugar de relación, un espacio abierto para estar con otros como consigo mismo. Ese consigo mismo nos ofrece la posibilidad de incorporar la noción de alma, en tanto que un sí mismo que es exterior al propio cuerpo y por tanto al sí mismo. Reintroducir la noción del alma pero rompiendo la identidad de uno consigo mismo producto de las concepciones monistas, que en definitiva han de acabar con uno u otro cuerpo-alma, o las concepciones dualistas, que en la aceptación de un cuerpo-alma terminan jerarquizando la relación para expulsar como resto –inservible- un cuerpo y elevar un alma. Siempre un resto y un descrédito del mismo. Para Nancy se trata de conservar cierto dualismo pero un dualismo que no termine por denigrar uno de los polos. Polos que no se encuentran cerrados y por tanto no son dos, pero no son tampoco uno: son por lo menos dos, uno en relación al otro.

    Se trata de señalar con Heidegger, que la existencia (Dasein) es ya “ser el ahí”, y que por tanto ya no hay ningún sujeto “detrás”. No es necesaria ninguna “encarnación”, no hace falta que el Espíritu se haga carne en él, basta con la exposición del cuerpo. Tampoco hace falta que venga a ocupar ese lugar que es el cuerpo un yo interior intangible, porque no es compartimento, es siempre abierto, así como tampoco se puede poseer, como poseen los malos espíritus a un cuerpo en espera de ser exorcizados.

    Sobre la interpelación se pueden ver algunos textos de otros autores. Por ejemplo, en Althusser en su escrito Ideología y aparatos ideológicos del Estado, encontramos como se producen la interpelación –primer momento ideológico – al dar un nombre a un recién nacido y que éste lo acepte, dotándolo de identidad individual (Althusser: 1998). La misma operación se produce ante la simple interpelación callejera “¡Eh, tú!”, quien la acepte a caído en el reclamo ideológico. Un desarrollo del mismo lo podemos ver en Slavoj Zizek, en ¡Goza tu síntoma!, hay un capitulo titulado “La carta siempre llega a su destino”, donde nos aclara como se produce ésta interpelación en la que el destinatario es aquel que recibe la carta y “acepta” ser el destinatario (Zizek: 1994). La misma operación la encontramos en un autor español como Agustín García Calvo en su ataque a la Ideología, cuya primera expresión es la certidumbre en la existencia individual, cuya primera operación es dotar al niño de un Nombre Propio “Fulanito de Tal”, uno que al ser individual es igual que otros tantos, en tanto que el Ideal, que como Dios, dice de sí “Yo soy el que soy” - Dios creo al hombre a su imagen y semejanza- (García Calvo: 1977).

     

    2. Exterior constitutivo

      En el capítulo “Del Alma” de Corpus, Nancy señala una realidad constituida por forma y materia, pero, con Aristóteles, apunta que estas no se pueden distinguir una de otra (Nancy: 2000, 91). Anuncia a el alma como “la entelequia primera de un cuerpo natural organizado” (Nancy: 2000, 91), es decir, como télos, como el ser completamente acabado del cuerpo.

      FlorSin embargo Nancy, siguiendo la indicación de Aristóteles de la no distinción de materia y forma, señala que “no hay la materia por un lado y la forma por otro –la una sólo tiene lugar gracias a la otra y como la otra”.

      Para aclararlo apunta distintos “momentos del alma”:

      1. En un primer momento el alma es forma-materia, entelequia de un cuerpo, cuerpo como conjunto, como complejo. (Nancy: 2000, 91)
      2. El alma pasa a ser individuo, ya no se trataría del cuerpo sino de un cuerpo, de éste cuerpo concreto. Es por ello que indica que “La determinación singular es esencial al cuerpo.” (Nancy: 2000, 92).
      3. Un tercer momento es ese ser singular en relación con ese cuerpo como extensión, como estando afuera. Es la relación con el exterior, con los otros, como singular, toca a los otros, al afuera, pero a su vez se toca como de fuera. (Nancy: 2000, 92). Es necesario ser exterior para considerase interior.

       

      No se trata de “momentos” temporales sino de momentos del análisis que propone. No se trata de una construcción dialéctica, que encuentre su momento superador, sino una forma de articular una relación, desde el cuerpo-alma en su división dualista, conjunto complejo que sin embargo se resuelve en la valorización de uno de los términos, a una determinación de lo singular, que se muestra como una relación consigo, con el exterior. El otro nos constituye. Esa conciencia nos mira y analiza, desde fuera, y nosotros la observamos desde dentro, sujeto y objeto de conciencia. Siempre nos hemos de localizar fuera, siempre estaremos abiertos y fuera de nosotros mismos.

      A partir de éste desarrollo nanciniano quiero traer a colación la noción de “Exterior constitutivo”, un concepto acuñado por Chantal Mouffe –a través de su lectura de Derrida – creado para dar cuenta de la condición de existencia de toda identidad, que funciona mediante la afirmación de una diferencia, la determinación de un “otro” que le sirve de “exterior”, de “afuera”, por el que surge el antagonismo. Esa confrontación entre un “nosotros” y un “ellos” nos constituye como identidades (Mouffe: 1999, 15). Sin embargo éste antagonismo implica que en la propia identidad de uno se debe encontrar la del otro. Por ejemplo, en la identidad de Occidente encontramos la de Oriente, tanto por que sin esta no se reconocería, como que, pese ante el rechazo que produce su visión, en esta se reconoce (se enfrenta a un espejo).

       

       

      3. La denigración de las masas

        En éste epígrafe quiero traer a colación una cierta denigración de la/s masa/s que pudiera encontrarse en Nancy, al estilo de las denuncia Ernesto Laclau en H.A. Taine o en Gustave Le Bon, en el capítulo que lleva como título el mismo que éste epígrafe.

        tabacoacopladaPara explicitarlo pasaré a comentar como introduce Nancy su concepto de masa diferenciándolo del de cuerpo mediante la forma. Para Nancy la masa se identifica con la sustancia, y se diferencia del cuerpo, que se emparenta con el sujeto. Por un lado, la masa carecería de extensión (por el contrario, el cuerpo sería extensión), se trataría de un mero punto, concentración de sí mismo, sin ninguna extensión. (Nancy: 2000, 87).

        En su argumentación mantiene una distinción entre la masa y la forma, en la que señala que la masa no tiene exposición, que es mera concentración de sí, sin forma, una sustancia pura. Al contrario, el cuerpo es forma que, sin embargo, no es distinguible como forma de la materia (Nancy: 2000, 90).

        La argumentación respecto de la masa es peyorativa, así como se desprende una actitud valorativa de aquello que es el cuerpo, lo dotado de forma.  En esto veo una visión que denigra a la masa (¿las masas?), aunque tal vez no sea acertada, que se encuentra en que una extrapolación que realizo de dicho pensamiento a la política. Me planteo sino supone una denigración de las masas, es decir, considerar que las masas son desorganizadas –meras bandas o turbas-, se justifica en que estas carecerían de forma. Pero sin embargo, se puede señalar otra lectura, que denunciaría que aquel que  ve como masa, como concentración de sí mismo, como punto clausurado, a un objeto es que lo está viendo desde muy lejos/cerca – imposibilitando la diferenciación –, una visión obcecada para no ver más allá que ese punto. Esa visión se encuentra sobrecogida por una especie de avalancha que cierra el espacio de visión. Por ejemplo, en nuestra visión occidental (nuestra formación como animales de costumbres) un chino es indistinguible de cualquier otro chino, en tanto que no captamos las diferencias en sus rostros. Lo mismo puede verse desde una “óptica” del sonido: del pitido al estruendo.

        Por todo ello, tal vez, en la visión de Nancy no nos encontremos ante una clásica denigración de las masas – políticas –, sino a una interpretación distinta de la misma, ya que su pensamiento da cuenta de que los cuerpos son siempre multitud. La no diferenciación, el no ver que siempre hay relaciones, que todo cuerpo es en tanto hay otros cuerpos, que ya el cuerpo es otro, que no se encuentra cerrado en sí mismo, sino con otro/s, es lo que permite una visión distinta de las multitudes, que se encontraría diferenciadas de las masas en razón a tener forma. Se rompe así la identificación entre multitud y masa. Por ejemplo, pasaríamos así, de las masas obreras, en las que indistinguibles sus miembros – sustituibles unos por otros –, a las multitudes obreras, donde las distinciones y relaciones son siempre posibles, donde no hay un uno compacto, una conciencia que mueva esas masas, dado que esos cuerpos se exponen a sí mismos en sus relaciones, en sus lugares sociales (como padres de familia, trabajadores de una fábrica, inquilinos en una gran ciudad, propietarios de una hipoteca…).

         

         

        1. Del sujeto concreto al objeto concreto

        En Corpus lo que viene es lo que nos muestran las imágenes, son los particulares, no la generalidad, es decir, los cuerpos singulares. No se trata del género, de la denominación general, “hombre”, sino de éste o aquel hombre (o aquella mujer), singulares. Por lo mismo no se trata de la “humanidad” (general), sino de los singulares. No hay mundial sino mundo singular. De ahí la preocupación por la frase con la que Nancy inicia Corpus: “Hoc est enim corpus meum”. Esta frase viene a connotar para Nancy una preocupación por el lugar del cuerpo, de ahí la aseveración de que es “aquí” donde “está mi cuerpo”, avalado por la aseveración de “hoc est enim, yo os lo digo, en verdad, y yo os lo digo” (Nancy: 2000, 10). Esto muestra una exigencia, la de indicar el cuerpo, dicho espaciamiento o lugar. Lugar a su vez temporal. El mundo se convierte entonces el lugar de las extensiones reales, no de la propiedad del lugar, de ser absolutamente, sino de ser local.

        Sin embargo, existe una lectura viene a consagrar que lo real, ese cuerpo, es idea pura, es la realidad, que la cosa misma se encuentra a nuestra vista. Esa lectura se pretende erigir en la única. Esa misma aseveración de “yo os lo digo” nos señala que ese ideal, Dios, se nos presenta como algo determinado, propiamente un “éste” o un “aquel”, que se produce en “éste tiempo” y “éste espacio”, que es a la vez alguien concreto y un absoluto. Necesita hacernos creer que es lo mismo decir “yo”, como lugar temporal-espacial de la enunciación, que decir “Yo” como individuo, con su propio nombre al igual que todos los otros, y a través de ello identificable y sustituible.

         

        1. Acontecimiento

        Al igual que hablamos del sujeto individual como sujeto concreto, al igual que hablamos no del cuerpo sino de éste o aquel cuerpo –de la existencia de los cuerpos como singulares-, debemos hablar de los hechos, de los sucesos históricos, fuera de esa línea histórica que pareciera darles un sentido más allá de ellos, un ser para otro, e imponer el espaciamiento, también aquí, de los acontecimientos. Los acontecimientos pensados también como cuerpos, es decir como singularidades. No se trata ni de que debamos encontrar un sentido tras los hechos, un río soterrado o contenido que le diera explicación, ni debajo, pero tampoco al comienzo ni al final –en el mismo sentido de que el cuerpo no tiene ni cabeza ni cola-, ni un encargo, ni un fin que los justifique. Los acontecimientos desbaratan cualquier plan, destino o principio.

        Siguiendo la concepción apuntada por Nancy de los sujetos concretos y los objetos concretos, podemos señalar que esta concreción no se da solamente en el espacio, en el lugar “físico”, sino también en el temporal. Es así que Nancy señala que no se trata de señalar un proceso conducente a un fin o una finalidad en la historia, sino apuntar a la particularidad de cada momento, de cada acontecimiento. Se trata de que aquello sucede ahora, en éste momento, en éste aquí. Ese acontecimiento viene para desbaratar. No hay historia hecha de antemano, porque no hay principio ni fin de la historia. Todo acontecimiento y por tanto, toda acción irrumpe, no rompiendo lo real sólido, sino espaciando.

        Podemos encontrar en autoras como Hanna Arendt o Chantal Mouffe esa preocupación –especialmente política- por la acción, como ese hacer algo que desbarata cualquier plan, que pone en tela de juicio los planes marcados, porque en política es mediante la acción que se da paso a los acontecimientos. Hanna Arent es clara en esto, señalando que para la acción, las motivaciones deben permanecer ocultas tanto para los demás como para sí mismo (Arendt, 1988: 107). Se plantea una historia desde el agente y no desde la óptica del espectador, una historia para los sujetos políticos, no para los sujetos-objetos de la historia (Arendt, 1988: 60).  Ahí hay pueblo pero éste no se confunde con la multitud ni la mayoría, sino pueblo siempre abierto a ese ser plural, frente a la idea de opinión pública, de unanimidad (Arendt, 1988: 102).  En política esto se traducirá en su desprecio por lo que ella señala como dictadura de lo social y postulará lo político. No se tratará de representar las realidades sociales a nivel político sino de crear un espacio para la acción libre de determinaciones sociales, un espacio para la acción, del discurso, donde lo que se traten no sea de lo social sino de la vida buena en la polis. Su defensa de la vida política (espacio de la libertad) se encuentra en que entiende que este es el espacio que se abre a la expresión de la particularidad, que no puede ser confundido con el de la individualidad (lugar de lo social).

        De la misma forma para Chantal Mouffe no hay una “objetividad social”, no estamos ante una esencia que de cuenta de la realidad, ésta es múltiple, plural por definición. Dar cuenta de este pluralismo en política es su objetivo frente a todo esencialismo. La clausura de lo social, esto es la existencia definida una vez por todas de los términos en que se explica lo social, es desde el principio un imposible y todo cierre se lee por tanto como contingente –referido a un espacio y a un tiempo concreto-.  Mouffe concibe lo social, con Derrida, alrededor de la noción de “exterior constitutivo” (Mouffe, 1999: 15), en la que toda identidad se construiría a través de parejas jerarquizadas, por la que afirma que la condición de existencia de toda identidad es la afirmación de una diferencia, la determinación de un “otro” que le serviría de “exterior”, un “nosotros” y un “ellos” que diera pie al antagonismo, un “otro” que se percibe como negación de nuestra identidad. Sin ese “otro” no podría haber un “uno”. Es necesaria esa exterioridad para la existencia de uno, para dar cuenta de tu propio campo. En cuanto a las razones de la acción, de los acontecimientos, nos encontraríamos ante un indecible en el sentido de que esta indecibilidad es la condición de posibilidad de la decisión, de la libertad, que imposibilita el cierre de lo social, la total reconciliación social. Lo que hace es partir de una crítica al racionalismo y al universalismo con el objeto de estar precavidos frente a cualquier ilusión de “poder escapar a la contingencia  y eliminar el elemento de la indecibilidad que opera en lo social” (Mouffe, 1999: 20)

         

        1. Leer (Lire)

        La utilización en Corpus de referencias a otros autores es constante en el capítulo “Del alma”. Se recurre a ellos no para negar sus argumentos sino para realizar una relectura de los mismos, hacerles decir lo que estaba implícito pero no era dicho. Se trata de remarcar determinado aspecto de sus pensamientos. Esto implica considerar que determinadas lecturas han sido consecuencia de la obcecación en construir un discurso cerrado, es decir, un intento, siempre imposible, de cierre del sentido. Se trataría en Nancy de dar cuenta de las aperturas que se encuentran en los distintos discursos. Abrir la posibilidad de distintas lecturas, potenciar la multiplicidad de escrituras, para que los textos permanezcan abiertos, productivos, productores de sentidos, vivos (Nancy: 2000, 13).

        En Corpus, Nancy establece una apertura a la realización de distintas lecturas de los textos de los libros, así como de otros “textos”, ya sean estos los cuerpos –los cuerpos se encuentran marcados, escritos – de los hombres (y de las mujeres), de los animales, o de otros cuerpos materiales, incluso de los anticuerpos. Las marcas y las letras pueden estar claras, de fácil legibilidad, con lo que el texto podría ser fácilmente legible e incluso tener un significado más o menos acotado –como los formularios-, o bien ser solo signos que necesitan de interpretación más concienzuda. Hay que saber ser un explorador y ver más allá de las huellas, de los restos y excrementos. Sin olvidar el medio: libro, ebook, senda, wc donde se halla el resto o el pozo en la taza de café. Todo medio expone de manera distinta, establece sus propios espacios y márgenes, también ha de ser leído.

        Sin embargo, esta lectura no nos abre la verdadera referencia a la cosa en sí, no desmiente lo que se nos presenta para mostrarnos otra cosa. No nos han dejado escondidos una verdad tras los símbolos. Esos símbolos no se encuentran allí para hacer referencia a algo verdaderamente trascendente. No se trata de símbolos meramente referenciales. Se encuentran allí expuestos pero no para ser examinados. No nos han preparado un plantel de acertijos con respuestas previamente marcadas. Los exámenes con referencias marcadas siempre molestan, uno se pregunta ¿cómo voy a marcar esta respuesta? ¡Pero si está errada! Y la marca. Puede haber distintas lecturas. A la pregunta de qué es el anarquismo uno anda en una orquilla de incertidumbre suficientemente amplia entre contestar “la máxima expresión del orden” (Eliseo Reclus) o la destrucción del Estado (de cosas) de la mano de Mijail Bakunin.

        Se puede ilustrar esta posición acerca de la lectura con esas precauciones apuntadas por Althusser para la ocasión de la (re)lectura del Capital (¿ese otro Gran Relato?):  “En esta lectura inmediata de la esencia en la existencia se expresa el modelo religioso del Saber Absoluto  hegeliano, ese Fin de la Historia, donde el concepto se hace al fin visible a cielo descubierto, presente en persona entre nosotros, tangible en su existencia sensible, donde este pan, este cuerpo, este rostro y este hombre son el Espíritu mismo. Para aquella lectura convencional “(…) era preciso estar poseído de cierta idea de leer, que hace de un discurso escrito la transferencia inmediata de lo verdadero, y de lo real, el discurso de una voz.” (Althusser: 2010, 44).

         

         

        Bibliografía:

         

        -       Althusser, Louis y Étienne Balibar. Para leer el Capital.  Ed. Siglo XXI. Madrid, 2010.

        -       Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1988.

        -       Arendt, Hanna. Sobre la revolución. Ed. Alianza. Madrid, 1988.

        -       García Calvo, Agustín. ¿Qué es el Estado? La Gaya Ciencia. Barcelona, 1977.

        -       Laclau, Ernesto. La razón populista. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2005.

        -       Mouffe, Chantal, El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Ed. Paidós. Barcelona, 1999.

        -       Nancy, Jean-Luc. Corpus. Editorial Arena. Madrid, 2000.

        -       Nancy, Jean-Luc. Noli me tangere. Ensayo sobre el levantamiento del cuerpo. Editorial Mínima Trotta. Madrid, 2006.

        -      VVAA, “San Juan XX, Cap XXI”. La Biblia ó El Antiguo y Nuevo testamento / traducidos al español de la Vulgata latina por Phelipe Scio de S. Miguel.

        -  VVAA, Dossier sobre Jean-Luc Nancy. Recurso online (consultado 12/3/2011) http://www.aulas.ulpgc.es/aleman/documentos/DossierJeanLucNancy.pdf

        -       Zizek, Slavoj. ¡Goza tu síntoma! Nueva Visión. Buenos Aires, 1994.

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