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pasteleria_webEn un fragmento de un trabajo sobre el sindicalismo argentino, Felipe Pigna hace alusión a la naturaleza anárquica de muchos pasteleros de la Buenos Aires de los últimos años del siglo XIX; muchos de ellos eran italianos.
Si lo pensamos un segundo, la subversión está detrás de los vitrinas de cristal aséptico de las pastelerías de hoy en día, donde te piden un euro con cincuenta para un “diplomático”, que es un pastelito bastante común en Italia. Yo odio el diplomático desde siempre, y ahora sé por qué: esa especie de milhojas con azúcar glass por encima, en realidad esconde un bizcocho empapado de licor ... Siempre he visto a los diplomáticos sosteniendo en la mano una copa de cognac; las personas diplomáticas te ofrecen un dedo de whisky, en el Véneto de ofrecen un dedo de 'grappa', y consiguen hacerte tragar la píldora: "Un hombre traga los bocados más amargos, y sostiene el alcohol... la cuestión de la herencia con tu hermano ... es más importante el afecto que una mera cuestión económica" ... Y pierdes tu dinero, te emborrachas, te sientes obligado a decir que te gusta el 'diplomático', mientras que dentro de ti te sientes como un idiota.

Claro, pero el 'diplomático' viene a la luz después del cañón, del turrón, de las bolas de fraile; en el siglo XIX la situación era distinta. Me fortifico en mi turrón, la sociedad clérigo-capitalista no me cogerá nunca, le arranco los huevos a los curas y los uso como proyectiles para mi cañón, y según como me pille, lanzo un krapfen, un castagnaccio y a tomar por culo...

Los pasteleros eran medio artesanos, no eran cultos o hábiles como quien sabía manejar una máquina; se limitaban a trabajar con harina, leche, huevos, agua, azúcar, miel y fruta. No se podían permitir ser socialistas, no podían confiar en las instituciones, porque por entonces los parlamentos estaban en su fase inicial. Además, no tenían derecho a voto porque eran extranjeros. Debían de tener mucha rabia en el cuerpo.

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