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Alberto Musso

"Es que a veces la forma mas iluminadora de comprender la historia es desde la historia individual"

Guillermo Sacomano, Página 12, Suplemento del 12/11/2010

 

Nació en el año cuarenta, en la República Argentina. Dos generaciones de europeos, uno de Italia y otra de España, le dieron su “santo y seña para poder hablar con las esrellas”.

La sonrisa, de la Italia del Norte. La mirada, muy parecida a la de Picasso . Con esos ojos escrutadores, penetrantes, miró el mundo que le tocó pintar.

Su niñez, respiró, correteó, por las calles de una próspera ciudad fabril, -al servicio de los ferrocarriles ingleses-  que en 1950 se convirtieron en argentinos. Por una de esas calles fue a la escuela elemental. Una de sus maestras fue la madre de Leonor Rigau,. El y ella emigraron a Mendoza a los 17 años, para estudiar Artes en la única institución universitaria de la región, la Escuela Superior de Bellas Artes de la UNC.  Ahora Leonor le organiza una retrospectiva, que pactó con él en dos visitas largas a su taller, para elegir de la cuantiosa obra, lo mucho que entra en su espaciosa Galería de Arte de San Juan. Lo pactó con él, de manera que Alberto estará en voluntad en esa provincia limítrofe.

 

 

Familias de industrias propias, en Justo de Arac su padre, poseía un almacén de ramos generales en donde también se producía un bien preciado por las mesas familiares: la "soda". Solo un agua con gas, que en Argentina, hasta hace poco su recipiente se lo denominaba como  “sifón”.  Los trabajadores de los talleres ferroviarios, las pequeñas burguesías, realizaban  un “polhak” gastronómico: aguaban el vino para que pareciese un “vino espumante”, que debía estar frío como el cava. Por eso su padre, también fabricaba el hielo que hacía fresca esta bebida.

Lo justo para acompañar: espaguetis, ñoquis  carnes asadas, guisadas, con postres españoles: las natillas, el requesón con miel, los buñuelos con azúcar impalpable. Bajo  la ternura de los postres, se escuchaban los noticieros radiofónicos y , se hablaba de política con fervor cívico.

Alberto cocinaba bien aquellos  “polhaj” de inmigrante. Ya no usaba soda , ni vino. Era parco en el beber. Mantenía una conducta estoica, casi relacionada con la culpa. Esa culpa  que  lo hacía tan accesible al otro. A pesar de ser un gran lector, la filosofía o  la psicología contemporánea, no estaban en su discurso con palabras como: síntoma, falta, neurosis, goce,  clases sociales, infraestructura , superestructura, estrategias, tácticas, voluntad de poder. Era un hombre que miraba el mundo, muchas veces, desde el inconsciente, donde no existe la ideología. Por eso:  era hombre de emociones. Por eso: entendía las crisis de los amigos, con la mirada, la sonrisa, la palabra del mas bondadoso de los “genius”. Nunca interpretó. Tampoco rellenaba los huecos de las cuestiones éticas, religiosas, técnicas, míticas o mágicas con un discurso filosófico. A lo sumo, se manejaba con un sentimiento religioso. Creía en Dios.

 

Maradona

 

Su padre era activista del Partido Radical, de los de Irigoyen. Cuando se acercaban las elecciones, había que hacer “mítines”, y hospedar a la "cúpula” radical.

Pasaron por esa casa señorial, de zaguán de mármol, dos plantas con pisos de “pinotea” y techos de escayola con lujosas molduras, Arturo Frondici, Ricardo Balbín y todo “activista del partido” que la honestidad cívica del padre permitía. Los dos caudillos radicales, descubrieron en las primeras pinturas de Alberto,  su condición de pintor. Recomendaron al padre, que el muchacho estudiara Arte. Sus primeras pinturas copiadas de láminas de revistas, todavía se conservan.

Alberto presenció, de pequeño, los mítines radicales, en esa ciudad de muchos votos peronistas, ya que era una ciudad de obreros.

No olvidará nunca la presencia de un padre”activista”, que en un mitin de estrado precario, dijo con vos potente:

-¡Viva el Doctor Balbín!

El, con su timidez, no se hubiera atrevido. Pero en su recuerdo se imaginaba como espiando, medio escondido, esa actividad de hombres.

Y su padre, activando en un partido populista que ya no ganaba las elecciones.  Los obreros votaban peronismo.

Quiere decir entonces, que en política, el padre de Alberto fue un perdedor.

Su hijo heredó tal condición, siempre fue un perdedor en asuntos políticos. La política le daba miedo. No tenía la suspicacia de sacar ventaja de nada de lo que lo rodeaba. Ni para bien ni para mal. Las controversias, lo desgastaban. En los estamentos en que le tocó “detentar poder”, como cuando fue Director ad honoren de la Facultad de Artes de Oberá, -de la Universidad  Nacional de Misiones-,  o cuando en el año 2007, fue promocionado como candidato a decano de la Facultad de Artes -de la Universidad Nacional de Cuyo- ; asumió la función pública como una vocación de servicio cívico, institucional. No era un hombre político, en el sentido de que la política significa provocar controversias para el cambio y para poser "poder" en la implementación de proyectos. Si el espacio le era ostil, renunciaba a él; tenía facetas de voluntarista solitario. A lo sumo, ejercitaba la protesta individual.

Por eso mismo, en el año 1984,   en momentos que una dictadura militar acababa de llegar a su fin, el jurado del Salón Nacional tuvo conflictos con el cuadro eneviado por Alberto, ¿Porqué semejante discusión?. La causa : un gran cuadro que Alberto mandó al Salón. El motivo: Maradona gritando el ¡Gol!  Lo gritaba en el cuadro, en momentos que una guerra masmediática aniquilaba una juventud de servicio militar obligatorio.  Maradona corría sobre  miles de cadáveres no identificados. Solo papeles de libretas de enrolamiento. Quedaron allí.

Retiró el cuadro por pedido de los censores. Las inmolaciones políticas, no eran para él, sabía cuidar su cuerpo. No pasaba al frente.

Si Alberto vivió hasta los 17 años en San Luis, y en Mendoza realizó sus estudios y permaneció allí hasta los 25 años, si en 1965 se trasladó a Oberá, como catedrático , y luego volvió a Mendoza en 1984 para hacerse cargo de la Cátedra de Pintura del Departamento de Plástica, en la ahora Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo;  el es un hombre de esa provincia, pues en ella vivió 31 años.

 

La boda

 

Alberto empesó a pintar cuadros de denuncia social en Misiones. Su casa....Su taller...es un tema que podrá contar Cristian Schobinger, pues el vivió con el esa temporada.

Fue una época fructífera.

Si el expresionismo, como estilo, corresponde al de las protestas sociales, con ese estilo, Alberto ejercitó su compromiso.

Están allí:

Muchos mas que los que figuran en la exposiciñon que hizo en 1991 en el Centro Cultural recoleta, en la capital de la república, esperan en su taller se exhibidos nuevamente en esa capital.

Institución recién inaugurada, la Universidad Municipal de Oberá - luego Facultad de Artes dela Universidad Nacional de Misiones-, le permitió ejercitar todas las técnicas en sus talleres:

la cerámica, de bulto y de superficie .

Pigmentos y medium no tradicionales.

Los cartones para tapicerías de alto liso.

El dibujo.

El grabado

.

Los amigos tendían a pensar que era un renacentista resucitado y sin mecenas.

Otros, lo sospechaban como  un continuador del “paseante”. Un personaje baudeleriano.

Desde ese aspecto, algunos podemos entenderlo.

Políglota. Maestro en el soneto clásico. La medida le subyugaba.

Lector asiduo de poesía. Gustaba de los clásicos. Descubría el secreto de las métricas.

Paseante solitario dos veces por día de la calle principal de la ciudad que lo asiló. A la media mañana para la compra del periódico. A la tarde, después de la facultad. A la búsqueda de los amigos circunstanciales, con los que se tomaba un café, que siempre invitaba.

La Viena de fin de siglo capeaba en sus conductas. El “splin”de los malditos por el otro costado, el francés. Los dos idiomas los dominaba.

El eclecticismo de los prerrafaelistas, en su accionar artístico, era evidente, sobre todo en los dibujos. Pero había otra faceta, le apasionaba la novela negra, se sabía de memoria los párrafos mas importantes de las novelas de “malditos” novelistas norteamericanos. La iconoclasia de la producción norteamericana era compañía de su tiempo libre. Leía mucho. Posiblemente, en tiempo, mas de lo que pintaba. Conversaba con sus autores, mas que con los amigos. Sabía escuchar.

Alguien podría decir que fue un hombre de cúpula de cristal, pero esa campana estaba rota por muchos lados. Algo la sostenía sin embargo, en la base, porque nunca se quedó a la intemperie.

Por las roturas, entraba el viento fuerte y caliente de un Coubert.

Hay materia sensible, sensual, carne palpitante en los retratos a sus amigos, en los personajes de la Misiones de 1970 a 1981. materia  que le hizo decir en el prólogo al libro del ruso Puskin, por el traducido al español, que lo encontrò perdido en el barro de la tierra misionera.  ¿Se le haba caido a un viejo ucraninano, perdido para siempre de su patria rusa?. Alberto recogió la apuesta, un modo de responder al otro.

Incursionó en esa violencia carnal del espíritu de Courbet, pero se asustó. Muchas veces. Temió convertirse en un violento suicida de si mismo. Temió destrozar la columna “Vedome” de París en los momentos de “La Comuna” - seguro que hubiera estado allí como espectador-. Era miedoso, pero no cobarde. No fue por eso  castigado con la confiscación de sus bienes y el exilio forzoso. Sus cadros lo permitían, pero eran cuadros de un solitario en el accionar político.

Sin embargo se asiló muchas veces en sus viajes por la capital argentina o las capitales del mundo.

Siempre hospedado en hoteles. Era muy respetuoso de la intimidad de los otros. Pocas veces se refugió en casa de amigos. Cuando los amigos buscaron lugar en su casona mendocina, los recibía con afecto, pero esa gran casona, no tenía habitación de huéspedes. Evidentemente, era un hombre solo.

Un antropólogo como Ervin Gofman, podría descubrir su idiosincrasia, estudiando las señales y marcas que dejaba en sus territorios y analizando su burbuja social. No es tarea nuestra, la de los que lo queremos.

Cuando una amiga, le llamó desde otro continente para conversar con el, diez horas antes de que muriera, le dijo:

- ¿Sabés que estoy leyendo en ruso...”Las almas muertas”?

-        De Gogol. (Contestó la otra, para adelantarse y obviar la interpretación de la frase.)

 

Evidentemente, era un gran intuitivo. Sabía por eso, dar buenos consejos, adelantarse  a los hechos.

¿Sospechaba que su vida era de 68 años? ¿Lo desestabilizó quedarse sin su función académica? A finales de 2007 no le renovaron la designación de profesor contratado. Llamaron a concurso interno. La cátedra la continúa su profesor asociado.

Alberto es un hombre de Mendoza. Por su familia directa que mantuvo un poco a escondidas. Por sus alumnos. Veinte y cinco  años de docencia. Por la gente que lo quiere y los estamentos culturales que le dieron cabida.

Es cierto que el gran mausoleo de la familia está en Justo de Arac, pero este hombre no es de allí.

También es cierto, que sus antepasados lo construyeron con orgullo de inmigrante próspero.

Las esculturas vinieron de Italia.

Cuenta Alberto lo que le impresionó de pequeño y aún de adolescente su diseño.

Lo construyó un tío rico, para si mismo y para toda la descendencia. Las hijas del tío-sus primas- eran hermosas y exuberantes, unas magdalenas talladas en madera por un barroco español. Mujeres de retablo, bien policromadas.  El escultor las representó en alto relieve, vestidas con túnicas en posición de plañideras. ¿Un escultor neoclásico de los mas afamados de Nápoles?, las fabricó. Las trajeron de Italia.

 

Cacería

 

Justo de Arac queda en San Luis, es ahora una ciudad diezmada, llena de ferroviarios desocupados. En 1992, la  privatización y luego desmantelacion  de los ferrocarriles por un gobierno nacional neoliberal , desoló la ciudad. Todo el mundo empobreció. La casa de la familia existe, desmantelada por los últimos inquilinos y después por los necesitados que la saquean. También heredó una casa en Villa Mercedes donde la familia se trasladó en 1950 Allí,  realizó un hermoso mural, guardó cosas, pero nunca vivió..

Alberto no se hizo cargo de sus propiedades. Tampoco las habitó, no era hombre de propiedades inmobiliarias, pero sí de las afectivas. En Mendoza vivía en casa alquilada, un museo, ya que no necesitó vender su obra. Atendió con amor la existencia de un hijo de juventud. Ahora Cristian Schobinger, su filial amigo, se ocupará de su obra, la cual testó para él.

Vivió sus últimos años en compañía fraterna de Cristian, Mónica y los tres hijos de ambos.... Fue un abuelo ejemplar.

Mas allá de esta gran familia, Alberto tuvo los alumnos. Con ellos realizó muchos de los proyectos que no quiso hacer personalmente.

Maestro en técnicas y diestro dibujante, nunca quiso salir de la figuración.

Un expresionismo duro, otras veces  simbolista o una “figuración posmoderna”, lo conminó a  ejercitar siempre esos estilos.

Sin embargo, en trabajos de juventud, ejercitó todas las experiencias visuales de una escuela de Ulm . Esas sabias experiencias del número, la medida, pero también del desorden, se vieron en los trabajos de sus alumnos de los dos primeros años de “experiencias visuales”,  en lo que se llamaba “Rotación” en el plan de estudios. El interpretó ese curso, con  sabiduría pedagógica, como un “curso preliminar”, a la manera de la Escuela de la Bauhaus.

De esa manera, con alumnos recién ingresados, de los dos primeros años, pudo elaborar productos “de vanguardia”, y contrarrestar con esto, todos los ejercicios “académicos”, que algunas cátedras ejercitaban.

Pudimos presenciar -entre otras- la exposición de colages del año 1983, en las salas del Centro Cultural Bustelo. La obras, no tenían nada que envidiarle a las experiencias dadaistas. La última, documentada  en la portada de un periódico de provincia -noviembre de 2006- consistía en numerosos barriletes, colgados a modo decorativo en el centro de la primer sala y también  los “nidos”. Los  llamados “nidos”, no eran otra cosa que  altos relieves, esculturas exentas construidas sobre estructuras de cañas recubiertas de papel engomado y pintado. Joyas de un expresionismo abstracto. Un crítico europeo que las vio en el Centro Cultural Provincial, solicitó el nombre del artista que las había realizado. No sospechó que eran obras de alumnos de un primer y segundo nivel de una facultad de artes de provincia. En paralelo, en el último piso del  Departamento de Plástica, los mismos alumnos, realizaron una escenificación del espacio coloreado y móvil a base de cilindros, de diferentes medidas, colgados de los parámetros horizontales.

Esta experiencia  en la realización de esculturas livianas, provocó en Alberto la necesidad de seguir en este hacer. Presentó un proyecto a la Dirección de Cultura de la Provincia para realizar en paralelo a “La Fiesta Nacional de la Vendimia”  un espectáculo lúdico-artístico con esculturas, similar al de las fallas valencianas  Consistía en convocar un concurso  para realizar esculturas de gran tamaño en la misma técnica que los expuestos por sus alumnos de rotación. La propuesta fue aceptada y se convocó para ello a todos los artistas de la provincia. Participaron no solo muchos egresados y alumnos de su facultad, sino también alumnos mayores de las aulas del tiempo libre. La convocatoria fue un éxito. Lo vimos deambular por los talleres de los participantes y mas que dar con cuidado  una opinión, su necesidad residía en constatar que la convocatoria tenía respuesta. Lo vimos hacer los trámites burocráticos para la compra de materiales para la ejecución, los realizaba en compañía de amigos con medios de movilidad. Sus culpas le habían prohibido seguir conduciendo.

La  distribución y la programación de otros eventos en el proyecto, lo conminó a realizar en su computadora el diseño del poster que debía anunciarlos. Los trámites burocráticos impidieron que el evento fuera anunciado en los escaparates de los negocios de la provincia. El título  propuesto por las autoridades culturales se denominó “Vendimia transgresora”. Se pactó que las obras debían desfilar al final de los carros alusivos a la fiesta realizados por los departamentos de la provincia. No había ninguna transgresión en el proyecto salvo que se entendiera, por parte de una sociedad de comerciantes - del turismo, del vino y el petróleo-, que  “la quema de los monumentos” fuera una transgresión a la cultura “mercantil” de la ciudad, que no comprende la posibilidad de una fiesta mítica como la de recolección. Otra fiesta...pero no transgresora, solo un cumpleaños de la recolección, conmemoración de un día pasado, abolición del tiempo, epifanía y presencia de Genius . Su función docente, siempre elipsiva, como su conversación  quería hacer participar y de esa manera, el tambien, en una experiencia de emoción de lo preindividual  a los productores y  organizadores. Quería sacrificar esos productos del Yo colectivo- las obras eran productos de grupos auto convocados-, quería anular el mercantilismo inherente al suceso; la “perdonada”, la única que no iba a ser quemada,  era recompensada con un premio en metálico. Al final el premio compartido en dos equipos, también fue quemado. Con la quema quería hacer un espectáculo religioso. Sustraer esas “obras”, del uso común.

 

La sacerdotiza

 

En esa procesión de carros representando departamentos provinciales y su producción, también debían procesar estos monumentos.

Corrió por la arteria principal para buscarla. Fue una ida y vuelta por la llamada via blanca·. Escuchó los parlamentos del encargado de las descripciones y los panegíricos que se decían desde los micrófonos. Esperó que nombraran ese ritual en el “carrusel”. No la pudo ver... se confundió entre el bullicio, las manzanas y los racimos ofrendados por las reinas. El suceso fue apenas nombrado. El locutor no avisado, lo anunció cuando aún no había pasado. Sin saberlo también abolió el tiempo real del suceso...

la realización de otros festejos como lo que el llamó “juegos florales”, también estaban en el proyecto ...tan buceador de los recuerdos nacionales, la vanguardia se mezclaba con los mas románticos festejos.

Cuando la quema, dicen los participantes junto con Giorgio Agamben. Que sintieron: el rostro juvenil de Genius, sus alas largas y temblorosas que significan que él no conoce el tiempo,  estremecerse muy cerca de ellos como cuando eran niños. Respirar y batir en sus sienes febriles, como un presente inmemorable.

Es posible que Alberto en  ese suceso ya hubiera despedido al ángel: "que para él ya hubiera sido el momento extremo en que sabía que existe la salvación, pero no quería ser salvado. Es posible que Alberto haya mirado esto como la última estación, tardía, en que el artista viejo rompe sus pinceles y contempla. ¿Qué contempla? Los gestos: por primera vez completamente suyos , del todo desprovistos de encanto."

Los participantes y autores de la quema, realizada en los jardines del “Parque Cívico”, recibieron, por ese  suceso ritual, 300$ para la ejecución colectiva. Alberto no presentó la factura por la iniciativa y el seguimiento  del proyecto. Casi todas las invitaciones a exponer, y sus proyectos resultaban tan gratis, ha veces hasta onerosas,  como el activismo en el partido radical de su padre.

En junio del 2007, le nombraron ciudadano ilustre de San Luis. Un gobernador  le hospedó en el mas lujoso hotel de Merlo, una ciudad turística importante y lo invitó a cenar en su lujosa residencia veraniega. A cambio de eso recibió una plaqueta conmemorativa del acontecimiento, que pareciera ser de oro, y que lo nombra ciudadano ilustre de San Luis. Sin embargo, el promotor del evento, le devolvió los cuadros prestados para esa exposición, deteriorados y sin posibilidad de resarcimiento. La exposición no poseía seguro. Así las cosas,  Alberto tomó con resignación la precaria organización cultural de la región.

Su última muestra, individual,  la realizó en las salas de su departamento, pueblo con alcaldía propia, Guaymallén. La directora de cultura de la sala, también su amiga, seleccionó las obras en el cercano taller de la sala de exposiciones. Alberto contó a los amigos que la funcionaria lloró durante los trámites de la selección. ¿Habrá intuido el duelo próximo que se avecinaba?.

¿Habrá intuido que Alberto," ya había despedido al ángel y que vivía entonces una vida sin misterio, que solo le pertenecía a él y que entonces comenzaba a vivir una vida puramente humana y terrena ; la vida que no ha mantenido sus promesas y puede ahora, por eso  mismo, darnos infinitamente más.”

Alberto posee pocas obras “por encargo”; de manera que ahora, frente a sus cuadros, el estará con nosotros en “El tiempo exhausto y suspendido, en la brusca penumbra en la que empezamos a olvidarnos de Genius”

Si es posible, frente a su obra, como espectadores, nos diremos que “es la noche sosegada. ¿Ha existido Ariel alguna vez? ¿Qué es esa música que se pierde y aleja? Solo la despedida es verdadera, solo ahora empieza el largo desconocimiento de si mismo. Antes que el lento muchacho recobre uno a uno sus rubores, una a una, imperiosamente, sus indecisiones.

Comentarios   

0 #1 mirta 29-05-2013 15:23
Soy de Justo Daract, el nombre del pueblo donde nació Alberto Musso,como profesora de lenguajes artísticos y comunicacionale s, es contenido obligado hacer que mis alumnos sepan de este y otros grandes artistas daractenses, que como a la mayoria les sucede, nadie es profeta en su tierra, pero un simple grano de arena puede reparar en parte y o ayudar a que culturalmente sus obras sean reconocidas y valoradas en su total dimensión, y que despierte en los alumnos la sensibilidad, creatividad y gusto por el arte ,que los ayudaría a otros sentimientos y valores.
Lo conocï a Alberto principalmente por una tía política de él y luego también lo disfrute como profesor en un taller que se realizó en el IFDC en Villa Mercedes, pero el artículo me brindo más información. Gracias
Saludo atte. Mirta Silvera
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