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El lobo Los pilares básicos del estudio de las migraciones se asientan sobre tres preguntas: 1) ¿Qué Motiva a las personas a migrar a través de fronteras internacionales a menudo a gran coste psicológico y financiero? 2) ¿Cómo cambian los inmigrantes después de su llegada a los países receptores? 3) ¿Qué impacto tienen los inmigrantes sobre la vida de la sociedad receptora, su cultura y sus instituciones políticas? A estas tres preguntas deberíamos añadirle una cuarta: 4) ¿Qué impacto tiene la emigración sobre el país emisor? Básicamente estos interrogantes son la semilla de la que deben brotar las explicaciones normativas del fenómeno migratorio.


 

MONSEIEUR BALLON: Es usted noruego, ¿no?

PEER GYNT: De nacimiento si, pero ciudadano del mundo por naturaleza. Debo mi fortuna a América y mi biblioteca, bien nutrida de libros, a las modernas escuelas de pensamiento alemanas. Mis Chalecos, mis modales y el desparpajo de mi espíritu a Francia. El ánimo laborioso y el sentido del provecho personal a Inglaterra. Los judíos me enseñaron la paciencia y una propensión al dolce far miente, la he recibido de Italia y en una ocasión un tanto apurada pude seguir contando la extensión de mis días gracias al acero sueco[1].


El loboActualmente el carácter de las migraciones es global y sus causas y consecuencias complejas, es decir, las migraciones internacionales no son un proceso homogéneo (.Malguesini y Giménez 1997, Cohen 1997, Blanco 2000, Castle y Miller 2003, Arango 2003, Portes 2004). En este sentido Graciela Malgesini y Carlos Giménez dicen que:

Las razones que provocan la emigración son complejas y tienen relación con el marco individual de decisiones, el proceso familiar/ social y el contexto económico social y político nacional. A su vez, todos estos elementos están condicionados por la globalización de los procesos económicos y culturales (Malguesini y Giménez, 1997).

Según Alejandro Portes y otros académicos que participaron en una conferencia sobre migraciones internacionales celebrada en 1996 en Florida, los pilares básicos del estudio de las migraciones se asientan sobre tres preguntas:

1) ¿Qué Motiva a las personas a migrar a través de fronteras internacionales a menudo a gran coste psicológico y financiero?

2) ¿Cómo cambian los inmigrantes después de su llegada a los países receptores?

3) ¿Qué impacto tienen los inmigrantes sobre la vida de la sociedad receptora, su cultura y sus instituciones políticas? (Portes, 2004)

A estas tres preguntas deberíamos añadirle una cuarta:

4) ¿Qué impacto tiene la emigración sobre el país emisor?

Básicamente estos interrogantes son la semilla de la que deben brotar las explicaciones normativas del fenómeno migratorio. Sin embargo Portes dice que la complejidad actual las migraciones internacionales imposibilita la existencia de una “gran teoría” que las explique, y que el intentar construirla sería un error ya que al tratarse de una campo de estudio tan heterogéneo una teoría general requeriría de niveles de abstracción demasiado altos que la harían inexplicable e incomprensible (Portes, 2004). Por tanto el estudio de las migraciones consiste en buscar respuestas cercanas a las preguntas que plantea un fenómeno complejo.

El loboNo obstante en el campo de estudio de los procesos migratorios no todos los factores tienen el mismo peso explicativo. La dimensión a la que se ha dado más relevancia en el análisis de las migraciones internacionales es la económica. Tanto la teoría neoclásica -avalada por las teorías económicas ortodoxas- como la teoría dual -cuyas raíces se encuentran en el marxismo político-económico y en el sistema mundo- han puesto el epicentro explicativo en esta dimensión. Ahora bien, si los neoclásicos busca la raíz de las migraciones en las disparidades entre los diferentes niveles salariales de los países, las considera un acto individual, espontáneo y voluntario basado en la comparación entre la situación originaria del actor y la ganancia neta esperada que se deriva del desplazamiento, una inversión en capital humano que traería la equiparación salarial entre países y con ello el fin de las propias migraciones porque que los inmigrantes no son cualitativamente diferentes a los nativos, es decir, cuando adquieren la misma preparación que estos pueden ascender de posición social. La teoría dual, aunque también explica las migraciones como un fenómeno motivado por las enormes desigualdades económicas entre los países centrales y los periféricos, no las contempla como acciones individuales y voluntarias si no como fruto de la demanda permanente de mano de obra en las sociedades industriales avanzadas, que tiene su origen en las características estructurales del sistema capitalista productoras de una segmentación en los mercados de trabajo sobre la base de la cual los inmigrantes no son libres para elegir y terminan ocupando los puestos más precarios y peligrosos en condiciones de esclavitud, servidumbre o peonaje (Portes y Walton 1981, Cohen 1996, Cachón 2003, Sassen 2003). Los dos enfoques teóricos han sido muy criticados. La teoría neoclásica es refutada por tratarse de una explicación económica simple, determinista y excesivamente micro (Portes y Walton 1981, Portes y Bach 1987, Malgesini y Giménez 1997, Castle y Miller 2003, Arango 2003). La teoría dual, aunque como explicación general de las causas de las migraciones internacionales está lejos de ser irreprochable puesto que a grandes rasgos las desigualdades económicas explican un porcentaje elevado de las migraciones a nivel planetario, por si sola tampoco es capaz de explicar todas las migraciones internacionales. Una teoría más inclusiva e interdisciplinar que intenta explicar las migraciones internacionales conjugando los niveles micro, meso y macro es la teoría articulacionista. Los que la suscriben añaden nuevas dimensiones al estudio de las migraciones que, junto con los factores económicos, también comparten protagonismo. Adquieren relevancia explicativa la dimensión política, la étnica, la cultural y la red de relaciones que tejen los migrantes[2] (Malgesini y Giménez 1997, Arango 2003). Más recientemente ha surgido otro nuevo cuerpo teórico que se apoya en el “transnacionalismo” y las “comunidades transnacionales”, el cual considera que la globalización y las migraciones internacionales son dos fenómenos que están estrechamente relacionados (Cohen 1997, Castle y Davidson 2000, Castle y Miller 2003, Portes 2003, Sassen 2003, Suárez 2006).

En definitiva, a la hora de construir una teoría de las migraciones transnacionales que se acerque a la realidad, hay que evitar los tópicos y también tener en cuenta el contexto de cambio en el que vivimos. Las diferencias en el estatus de vida siguen explicando un porcentaje elevado de las migraciones internacionales. La distancia económica entre el “norte” global y el “sur” global es tan amplia que crea prácticamente una oferta inagotable de emigrantes potenciales (Portes, 2004: 2). Las políticas de “mano dura” hacia las migraciones que imperan en el planeta también tienen relevancia explicativa: el libre movimiento de transacciones comerciales no se traduce en libre movimiento de personas porque los primeros no encuentran barreras mientras que los segundos encuentran fronteras difíciles de traspasar (Sassen 2001, Abad 2003).

El loboLa inmigración pone a prueba el nuevo orden global. Por una parte la globalización económica desnacionaliza la economía nacional mientras la inmigración renacionaliza la política. Existe un consenso creciente en la comunidad de los estados para levantar los controles fronterizos para el flujo de capitales, información, servicios y, en sentido más amplio mayor globalización. Pero cuando se trata de inmigración y refugiados, tanto en Estados Unidos como en Europa occidental o Japón, el estado reclama todo su antiguo esplendor afirmando su derecho soberano a controlar sus fronteras (…) ¿Cómo puede el Estado renunciar a su soberanía en unos ámbitos y aferrarse a ella en otros? (Sassen, 2001: 73). Por otra parte los postulados sobre los que se asientan los regímenes democráticos liberales hacen que los estados caigan en la “paradoja liberal” (Portes, 2004) ya que no pueden evitar el reconocimiento de ciertos derechos a los inmigrantes (derechos sociales y civiles) al tiempo que otros los reservan sólo para sus nacionales (derechos políticos). ¿Cómo puede el Estado democrático integrar en su seno a individuos a los que les niega sus derechos políticos sin dinamitar a la propia democracia?

Las personas que se mueven por el mundo también son protagonistas del proceso de globalización. La transnacionalidad cultural y la diversidad no son una opción, sino un hecho. Sin embargo, aunque la movilidad del ser humano a lo largo y ancho del planeta está contemplada como derecho en el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos[3], no es igual de libre que la circulación del capital financiero. No obstante, los migrantes internacionales son creadores de verdaderas comunidades transnacionales, es decir, construidas entre los estados de dónde proceden y los que los alojan. En este sentido los emigrantes, aun sin ser conscientes de ello, son auténticos héroes porque desafían el orden mundial establecido cada vez que cruzan las fronteras, sobre todo cuando el origen es el “sur” y el destino el “norte”. 

La paz y la democracia están ahora ligadas a las estrategias políticas que reconozcan la cultura y los derechos de las minorías y les den voz legítima en la política (Castles y Davidson, 2000: 154)

 

 

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BIBLIOGRAFÍA

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Blanco, Cristina (2000): Las migraciones contemporáneas, Alianza Editorial, Madrid.

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Cohen, Robin (1997): Global Diasporas. An Introduction. University of Washington Press, Seattle.

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[1] Fragmento de la obra de teatro Peer Gynt escrita por Henrik Johan Ibsen en 1897.

[2] Se utiliza el término “migrante” porque el inmigrante es a su vez emigrante y viceversa.

[3] Art. 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: 1) Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado; 2) Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.